DIARIO EXPRESO DE GUAYAQUIL Sábado 16 de enero de 1988
LOS COMANDOS DEL SECUESTRO Por Javier Simancas C.

Fue razonable o no la conducta de los comando que participaron en el secuestro? ¿A que estímulos de grupo o individuales respondían en el mismo momento del episodio?.
Estos interrogante y muchos otros no han podido aún ser despejados, después de un año de los acontecimientos. Es un caso – sicosocial- los comandos era miembros de una guarnición que había sido creada y formada en función del pensamiento del General que provocó la operación; y en otro caso para cumplir funciones específicas.
Sus actos en consecuencia respondían a una sola idea, y cada uno actúo como un individuo irracional y en ciertos momentos al borde de la locura.
Desde otro ángulo los comandos actuaron por estímulos, como por ejemplo el de la solidaridad con un oficial preso; o porque recibían órdenes de un superior al que debían obediencia. Cada individuo o comando fue juzgado por un Consejo de Guerra. Cada uno de ellos dijo que participó en solidaridad o por miedo a la represión a que iba a ser sometido por los líderes de la conspiración y ejecutores del acto.
El cambio de actitud. De Valientes armados al de sumisión frente a la ley, es uno de los casos más excepcionales que se hayan registrado en cada uno de los comandos. Ninguno supo dar una razón creíble o veraz de su conducta frente al secuestro y sus consecuencias en el mismo momento de los episodios.
Sólo uno de ellos admitió que lo había hecho porque quería la libertad de su jefe y porque, según dijo, quería la renuncia del Presidente de la República. Incluso fue más allá, exigió la libertad de sus compañeros y cómplices y condenó la conducta de sus superiores.
Los sicólogos sociales que han comenzado a analizar el caso. Anticipan que podría ser lo que se llama, en su campo, la típica decisión irracional, porque, sin duda alguna, cada uno pensó diferente después de la acción de grupo, aunque en el momento de los acontecimientos hubo una acción de pensamiento grupal, pensando que el secuestro iba a darles réditos personales no previsibles. Individualmente primó el interés; colectivamente el deseo de “sacarse el clavo” por lo ocurrido con anterioridad en otras guarniciones en que el mismo general protagonizó incidentes y se levantó en armas contra el gobierno legítimamente establecido.
LA CONSPIRACIÓN
En esta conspiración por lo menos unos diez hombres han sido identificados como los cabecillas de lo que se ha calificado el secuestro del siglo, pero que a la luz del operativo era sólo un apresamiento para exigir la libertad de su ex Comandante, General Frank Vargas Pazzos. Aquellos hombres durante el largo proceso judicial y durante las investigaciones de la Inteligencia Militar, en su mayoría negaron su participación, pero a la vez, entre ellos se hicieron mutuas inculpaciones, según se desprende del voluminoso expediente que sirvió para las sentencias.
El secuestro no estuvo en sus planes. La conspiración que debía estallar en diciembre de 1986 fue suspendida ante los informes que recibieron de que el Presidente, León Febres Cordero, iba a visitar el “Ala 21” de la base de Taura a propósito del “reencuentro de las águilas”.
Habían previsto la toma de la base y el apresamiento de todos los oficiales superiores y sus familiares y los bombardeos de los edificios de la Gobernación de la provincia del Guayas y del propio Palacio de gobierno, si es que no se liberaba inmediatamente a su Comandante.
Ha quedado plenamente establecido que la planificación de esta operación fue el resultado de contactos permanentes tanto dentro de la base, cuyo centro de operaciones era la villa 4, los terrenos Horizonte Azul y la librería de uno de los comandos, desde donde se hacían los contactos con el exterior para el éxito del complot.
Las versiones que han sido confirmadas por los propios implicados revelan ahora que, una vez que se supo de la presencia del Jefe de Estado los complotados se reunieron en la villa 4, para asignar las tareas que cada uno debía realizar desde el mismo instante en que aterrice la nave presidencial.
El objetivo era apresar al Mandatario y exigir la liberación del general Frank Vargas Pazzos.
DRAMÁTICOS
Los testimonios de los complotados tanto ante el Consejo de Guerra como ante los Servicios de Inteligencia Militar son dramáticos y reales.
Cada hombre tenía su misión que cumplir y cada uno la llevó adelante sin miedos ni reparos, bajo la atenta mirada del Jefe de los comandos, Pedro Loor Vera, el hombre que armado de una ametralladora MAG tuvo a raya a toda una guarnición y que tenía el encargo de ejecutar a cada uno de los miembros de la comitiva si es que hasta las 4 de la tarde de ese fatídico día no estaba en la base el general Vargas.
El operativo sangriento comenzó exactamente a las 08H50, cuando el Presidente recibía el parte militar del Ministro de Defensa. Cuando se disponía a estrechar la mano de dicho Secretario de Estado, sonó un disparo efectuado por el cabo Henry Adalberto Peña Jiménez e inmediatamente la tropa que rendía honores rompió filas y avanzó hacia el Presidente y en segundos fue dominado, botado al suelo, apuntado con una pistola en su pecho. Igual procedimiento se utilizó en contra de los demás, mientras eran abatidos dos miembros de la seguridad personal y otros dos quedaban heridos.
Peña Jiménez ha sido identificado como otro de los cabecillas, quizá el más peligroso después de Loor. Ambos fueron los que durante los minutos más difíciles daban las órdenes y contraórdenes.
A peña se le atribuye por ejemplo la orden de que sean amarrados con los cordones de los zapatos de los comandos los oficiales generales.Admite que estuvo en el complot pero se resiste a aceptar que fue uno de los jefes.
EL CAPTOR DEL PRESIDENTE
El comando Claudio Rigoberto Andaluz, miembro de la Escolta del Estandarte, también dirigió el apresamiento del presidente Febres Cordero y el que también hacía disparos incesantes no sólo durante el episodio sino después, cuando patrullando la base disparaba a los vehículos que pasaban por la vía pública.
En su domicilio se ultimaron otros detalles del secuestro en la víspera del 16.Fue uno de los captores, junto a Peña y Loor, según los testimonios que dieron durante el largo proceso penal.
LOS DISPAROS FATIDICOS
Uno de los autores de los disparos que habrían provocado la muerte de los dos guardias de seguridad del mandatario, ha sido identificado con el nombre de Publio Arturo Ortiz Loor, conforme la prueba testimonial, así como tuvo a su mando todo el sistema de comunicaciones y su misión principal fue la de neutralizar a los miembros de la comitiva.
Casi igual papel desempeñó Holguer Falcón, quien tuvo a su cargo la vigilancia de los rehenes que estaban en la capilla. Posteriormente este hombre fue quien, sin esperar órdenes ni disposición superior se convirtió en el comando de seguridad permanente del general Vargas y con él abandonó la base días después.
El cabo Francisco Pazmiño Proaño fue el insurrecto que daba órdenes a los rehenes dentro del bus en el que eran transportados y el autor de los ataques físicos a varios oficiales de la FAE que estaban bajo su control.
Su actitud impidió además que los rehenes de la Capilla puedan recibir alimentos y bebidas, ya que permanentemente rastrilló su arma y aceptó haber sido uno de los que realizó disparos en contra de los miembros de la seguridad.
EL COLORADO LOOR
Este personaje no solo fue identificado en el momento mismo de los episodios, sino después por su conducta durante el proceso penal.En el operativo subversivo fue visto como el único hombre ante quién respondían los demás comandos.
Fue visto primero en la plataforma de la base, armado de una ametralladora MAG con dos cintas de munición cruzadas en el pecho, incentivando y arengando a los demás clases, así como amenazando e insultando a los miembros de la comitiva. Este elemento obligó a los apresados a tenderse en el suelo.
Posteriormente fue el encargado de vigilar a los oficiales y civiles encerrados en la Capilla, a quienes les prohibió incluso hablar, y que ni siquiera se mirasen porque había dicho que no podía controlarse.
Se auto nombró el comandante del pelotón de ejecución y que estaba bajo su criterio personal escoger alas personas que debía eliminar si hasta las cuatro de la tarde de ese fatídico día no se liberaba al general Frank Vargas Pazzos.
LOS OTROS IMPLICADOS
El papel de los otros comando si bien fue importante, respondió a las órdenes de Loor que los tuvo siempre a raya y cumplían sus órdenes sin discusión.
Es allí cuando aparece el capitán Jhon Maldonado, que según su propio testimonio, intervino como mediador para que no haya más derramamiento de sangre.
Maldonado recién había regresado de un reentrenamiento simulado de aviones jaguar de Gran Bretaña, después de sufrir algunas dificultades por los vuelos realizados en el país.
Este oficial fue el que como mediador negoció la libertad de Vargas y proclamó que la acción militar era constitucionalista y de justicia a favor de su Comandante.
Las pruebas entregadas en el juicio lo identifican como uno de los que junto con el teniente Pin siempre estuvo en los preparativos de la conspiración reuniéndose con los comandos en la villa 4, los terrenos de la cooperativa Horizonte Azul, en la librería Andaluz, etc. y en definitiva jugó un papel protagónico durante las catorce horas que duró el episodio que ha causado profundas grietas en la institucionalidad militar en la vigencia misma de la vida democrática y constitucional de la República.
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