QUITO (Agencia ANE)._Haití ha entrado en una etapa decisiva de su proceso de transición política y se espera que el próximo 7 de febrero con las elecciones generales, se restaure el funcionamiento de sus instituciones democráticas.
En un informe al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el representante de la ONU, Carlos Ruiz Massieu afirmó que Haití atraviesa “una fase crítica de la restauración de sus instituciones democráticas”. “Seamos claros: la hora de las maniobras políticas ha terminado”, apuntó.
Sin convergencia política y continuidad institucional más allá del 7 de febrero, la transición corre el riesgo de estancarse, advirtió Ruiz Massieu, y agregó que las autoridades, los partidos políticos, la sociedad civil, el sector privado y los líderes religiosos y comunitarios deben asumir sus responsabilidades y contribuir a un clima de estabilidad que permita avanzar hacia unas elecciones creíbles.
El representante especial explicó que en los últimos meses, los buenos oficios del Secretario General de la ONU se han centrado en reducir tensiones y fomentar el diálogo entre actores políticos, organizaciones de mujeres y jóvenes, y representantes institucionales.
En cuanto a los próximos comicios, Ruiz dice que que la adopción de un decreto electoral el 1 de diciembre y la publicación del calendario electoral el 23 de diciembre constituyen un marco operativo largamente esperado tras años de retrasos.
El primer ministro de Haití declaró oficialmente 2026 como año electoral, una meta que exigirá coordinación institucional sostenida, financiamiento previsible y condiciones de seguridad adecuadas, apuntó Ruiz Massieu, y añadió que las nuevas disposiciones legales sobre registro de votantes, participación de la diáspora y descentralización del conteo de votos buscan reforzar la credibilidad del proceso.
Tras subrayar el énfasis especial en la inclusión de las mujeres, sostuvo que los nuevos requisitos de representación femenina en las listas de candidatos, acompañados de incentivos financieros son un “un paso importante” para superar barreras históricas a la participación política.
En el ámbito de la seguridad, reconoció que el panorama sigue siendo alarmante y que las pandillas continúan controlando corredores económicos y zonas agrícolas, provocando desplazamientos forzados y desbordando la capacidad humanitaria. En 2025, los homicidios intencionales aumentaron casi un 20% en comparación con el año anterior.
No obstante, la presión sostenida de las fuerzas de seguridad nacionales comienza a mostrar resultados: operaciones policiales reforzadas, con apoyo de la Fuerza de Supresión de Pandillas, han permitido reabrir carreteras clave en Puerto Príncipe y en el departamento de Artibonite.
En el centro de la capital, Puerto Príncipe, la presencia del Estado alrededor del Campo de Marte y de las principales instituciones gubernamentales se está restableciendo gradualmente, reportó el enviado de la ONU.
“El reto ahora es ampliar y sostener estos logros”, prosiguió, alertando de que, sin servicios básicos para la población, las mejoras en seguridad podrían revertirse.
La creación de la Oficina de Apoyo de las Naciones Unidas en Haití (UNSOH) y la transición de la misión multinacional hacia una fuerza más robusta constituyen medidas clave para reforzar la asistencia internacional a la nación caribeña, argumentó Ruiz Massieu, reiterando el llamado a los Estados miembros a aportar recursos financieros y logísticos.
Con respecto a la situación humanitaria, informó que sigue siendo crítica, con 6,4 millones de personas que requieren ayuda.
Además, recordó, Haití continúa siendo uno de los países con menor nivel de financiamiento humanitario. Para 2026, se necesitan 880 millones de dólares para asistir a 4,2 millones de las personas más vulnerables.
Un progreso posible, pero reversible
Para terminar, Ruiz Massieu fue cauteloso, precisando que los avances políticos y de seguridad demuestran que el progreso es posible, pero también frágil. Su consolidación dependerá del compromiso nacional, del respaldo internacional sostenido y de una coordinación estrecha entre los esfuerzos políticos, de seguridad y humanitarios.
“Cualquier ruptura en esta coherencia supondría un riesgo real de retrocesos”, concluyó.
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