A PROPOSITO DE SU NACIMIENTO: SUCRE VISTO POR BOLIVAR

Escrito por Javier Simancas C
EL UNIVERSO, 4 DE JUNIO DE  1995

ENTREVISTA IMAGINARIA: SUCRE VISTO POR BOLIVAR

 Atravesaba en la mañana del 4 de junio de 1830 la sombría montañuela de Berruecos. Viajaba lentamente a mulo, a usanza del país, por lo frogroso del terreno acompañado solo del  diputado de Cuenca García Trelles, y de dos asistentes, cuando de lo más tupido del bosque partió un tiro, seguido inmediatamente de otros tres, que derribaron exime y sangriento en el lodo al vencedor de Pichincha, Ayacucho y Tarqui.

 La muerte fue instantánea: una bala le había atravesado el corazón otras dos habían penetrado en la cabeza.

 A los 165 años de crimen  se han escrito decenas de libros sobre su vida. El libertador Simón Bolívar escribió una biografía que lo describe como hombre con sentimientos, vicios y virtudes, como político y soldado.

En una entrevista con la historia esto es lo que responde el Libertador:

 Periodista: Libertador Bolívar.¿ Cómo debe ser presentado el Mariscal Sucre, matemático, humanista o militar?

 Como matemático no, porque principio sus estudios para seguir su carrera de ingeniería pero no los terminó porque empezaba la revolución, se dedicó a estas armas.

 Como militar se encontraba, de ordinario, al lado de los más audaces rompiendo las filas enemigas, destrozando  al ejército contrario con tres o cuatro compañías de voluntarios. El era el alma del ejército que servía.

 El metodizaba todo, mas, con esa modestia, con esa gracia, con que hermosea cuanto ejecuta en medio de las combustiones que necesariamente nacen de la guerra y de la revolución, el General Sucre se hallaba frecuentemente de mediador, de consejos, de guía, sin perder nunca de vista las buenas causas y el buen camino.El era el azote del desorden y sin embargo, el amigo de todo. Su adhesión al libertador y al Gobierno lo ponían a menudo, en posiciones difíciles, cuando los partidos domésticos encendían los espíritus. El General Sucre quedaba en la tempestad, semejante a una roca combatida por las olas, clavando los ojos en la patria, en la justicia y sin perder no obstante, el aprecio y el amor de los que combatía.

 Periodista: Después  de   batalla de Boyacá vino la de Guayaquil. ¿Qué pasó?

 Bolívar: Después de la batalla de Boyacá, el General Sucre fue nombrado Jefe del Estado Mayor del Libertador. El cargo lo desempeñó con su asombrosa actividad. Luego fue destinado a mandar la división de tropa para auxiliar de Guayaquil que se había  insurreccionado contra el Gobierno español.   Sucre desplegó su genio conciliador, cortés, activo, audaz.

 Periodista: ¿ Es cierto que Guayaquil estuvo al borde del abismo y que si no hubiera sido por el Mariscal las cosas hubieran sido distintas?.

 Bolívar: Dos derrotas consecutivas pusieron a Guayaquil al lado del abismo. Todo estaba perdido en  aquella época. Nadie esperaba salud, sino   un prodigio de la buena suerte, pero el general Sucre se hallaba en Guayaquil y bastaba su presencia para hacerlo todo. El pueblo deseaba librarse de la esclavitud; el General dirigió este noble deseo con acierto y gloria. Triunfa en Yaguachi y libera a  a Guayaquil. Después, un nuevo ejército se presentó  a las puertas de esta misma ciudad, vencedor y fuerte. El General Sucre lo conjuró, lo rechazó   sin combatirlo.

 Su política logró lo que sus armas no habrían alcanzado. La destreza del  General Sucre obtuvo un armisticio del General español que en realidad era una victoria. Gran parte de la batalla de Pichincha se debe a esta hábil negociación, porque sin ella, aquellas celebres jornada no habrían tenido lugar. Todo habría sucedido entonces, no teniendo a su disposición medio de resistencia.

 La campaña que terminó la guerra del Sur de Colombia fue dirigida y mandada por el General Sucre en ella mostro sus talento y virtudes militares; superó dificultades que parecían  invensibles.

 Periodista: Fue en Bolivia o en Perú donde Sucre demostró no   solo  ser un genio militar sino  también un   político sagaz?

 Bolívar: Fue destinado a una doble misión militar diplomática en el Perú. Cuando llegó a la capital del Perú, el Gobierno le instó repetida y fuertemente para que tomase el mando del  ejército unido; él se negó a ello siguiendo su deber y su propia moderación, hasta que la aproximación del enemigo con fuerzas muy superiores convirtió la aceptación del mando en una honrosa obligación.

 Todo estaba en desorden; todo iba a sucumbir sin un jefe militar que pusiese en defensa la plaza de Callao.Con la fuerza que ocupaba esta capital,el general Sucre tomó, a su pesar, el mando.

 El Congreso que había sido ultrajado por el Presidente Rivas-Aguero, depuso a este magistrado luego de que entró en Callao y autorizó al General Sucre para que obrase como militar y políticamente como Jefe Supremo. Las circunstancias eran terribles y urgentísimas, no había que vacilar sino obrar con decisión. Rivas- Aguero se había aliado con los españoles y calumniando atrozmente a Sucre lo acusaba de agente de la ambición  del Libertador, el instrumento de su ruina.

 No obstante, Sucre me ruega que no lo emplee ni como soldado   para la campaña contra Riva-Agüero. Entonces tuvo que asumir el mando hasta que el General La Fuente tomó la resolución de ahogar la traición de su jefe y la guerra civil de su Patria, aprehendió a Rivas-Aguero y a sus cómplices.

 El General Sucre renunció,  sin embargo, el mando que le confería el Congreso, el que siempre insistía con mayor ardor en el mismo empeño, como era el único hombre que podía salvar la patria en aquel conflicto tan tremendo. El Callao encerraba la caja de Pandora   y al mismo tiempo era un caos. Todo el mundo mandaba en aquel lugar de confusión y al parecer el General Sucre era responsable de todo. Se dedicó a sostener al Gobierno del Perú, pero se abstuvo de intervenir en sus diferencias intestinas.

  El General Sucre escribía a sus amigos que más interés había tomado por la causa del Perú, que por una que le fuese propia o   perteneciese a su familia jamás había desplegado un celo tan infatigable más sus servicios no se vieron burlados.

 Después de la acción de Junín se consagró de nuevo a la mejora y alivio del ejército. Los hospitales fueron provistos por él y los piquetes que venían  de alta al ejército eran auxiliados por el mismo General. Estos cuidados dieron al ejército dos mil hombres que quizás   habrían parecido en la miseria sin el esmero que se consagraba su desvelo a tan piadoso servicio.

 Periodista: Libertador usted hace aparecer tan fácil la guerra libertadora.¿ Fue realmente así?

 Bolívar: Nuestro ejército era inferior en mitad al enemigo que poseía infinitas ventajas sobre el nuestro. Nosotros nos veíamos forzados a desfilar sobre riscos, gargantas, ríos, cumbres, abismos, siempre en presencia de un ejército enemigo y siempre superior.

 Periodista: ¿Fue la Batalla de Ayacucho  su obra o del General Sucre?

 Bolívar: Fue la cumbre de la gloria americana y obra del General Sucre. La disposición   de ella ha sido perfecta y su ejecución divina. Maniobras hábiles  y prontas desbarataron en una hora a los vencedores de 14 años y a un enemigo perfectamente constituido  y hábilmente mandado. Ayacucho es la desesperación de nuestros enemigos. Ayacucho semejante a Waterloo, que decidió del destino de la Europa, ha fijado la suerte de las naciones americanas. Las generaciones venideras esperan la victoria de Ayacucho para bendecirla y contemplarla sentada en el trono de la libertad. Dictando a los americanos el ejercicio de sus derechos y el imperio sagrado de la naturaleza.

 El General Sucre es el padre de Ayacucho, es el redentor de los hijos del sol, es el que a roto la cadena con la que envolvió Pizarro el imperio de los Incas: La posteridad presentará a Sucre con un pie en el Pichincha  y el otro en el Potosí, llevando en una de sus manos la cuna Manco- Capac y contemplando la cadena del Perú rota por su espada.

 Periodista: A propósito de la Batalla de Pichincha. ¿Cómo mira el papel del  General Sucre?

 Bolívar: Esta Batalla consumó la obra de su celo de su sagacidad y de su valor. En premio a su servicio fue nombrado General de División e Intendente del departamento de Quito. El pueblo vio en él a su libertador, su amigo, se mostraban muy satisfechos del jefe que le era destinado, que la libertad misma que recibía de sus manos. El bien dura poco, bien pronto lo perdieron.

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