DIARIO EXPRESO, 24 DE MARZO 1990
Por Javier Simancas C.
La campaña electoral carente de metas y objetivos nacionales ha comenzado en medio de la peor crisis económica y social que vive la República.
Los partidos políticos, sus líderes y todos quienes hacen política, han caído en mora social y lo terriblemente grave en la trampa de la desazón, faltos de entusiasmo y creatividad para enfrentar los problemas de la nación con valentía y sacrificio. Aquellos que lo han hecho están en el olvido o acusados de verdugos del pueblo.
Sin excepción de color, los partidos han agotado también su discurso que se ha vuelto repetitivo, falso, incoherente e irreal.
El divorcio entre gobernados y gobernantes es cada vez más acentuado, mientras más se aleja la posibilidad de dar respuestas a las exigencias populares. Hay hambre, miseria, corrupción tráfico de influencias, despilfarro, derroches suntuarios, viajes sin resultados. Los cinturones de pobreza de las ciudades siguen creciendo mientras los agricultores pobres continúan dejando el campo.
A lo largo de estos últimos diez años de democracia ni una ley ni un decreto de redención ha logrado viabilizarse. Aquellos que podían servir de base para lo cambios han quedado archivados o simplemente ignorados.
Es en este escenario en que los políticos y candidatos vuelven al “tendido”, sin más confianza que la propia voluntad electoral de los ecuatorianos que tienen que acudir a las urnas por obligación y no por principios ideológicos o programáticos.
Cada vez es más visible la indiferencia. Si la cifras no mienten el ausentismo electoral de 1988 ocupó el segundo lugar después del que obtuvo el presidente electo.
La crisis política es otro factor desestabilizador que, de no enfrentarlo inmediatamente, será la causa de una muerte súbita o lenta de esta maltratada democracia en donde el despotismo, el desgobierno y la incoherencia aumentan más la desconfianza de los ecuatorianos.
Cinco millones de electores ha registrado el organismo electoral para las próximas elecciones. Ya se oyen voces que dicen que no hay por quién votar y lo más dramático y cuando todo termine las ofertas electorales se olvidan por la conducta política de los elegidos es traicionan y olvidan lo ofrecido.
En esta hora crítica de la República, es de vital importancia que los hombres y mujeres que buscan una representación popular, declinen su vanidad y soberbia para dar paso a la solución de los problemas sociales y económicos que se acumulan cada vez más, como una peligrosa bomba de tiempo próxima a estallar y con consecuencia impredecibles.
Un buen gobierno, un mejor parlamento es el ideal político de los ecuatorianos, mas no la infantil tesis de que los votos son míos porque así lo quiero yo.
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