ELECTORES Y POLITICOS

Escrito por Javier Simancas C

  DIARIO  EXPRESO, 16 FEBRERO 1990

 En cada elección nacional o local aumenta la población  del país. Hace diez años eran unos 2 millones 800 mil los ciudadanos con derecho a voto. En junio acudirán a las urnas casi 5 millones de hombres y mujeres con mayoría de edad.

 Los ecuatorianos  han sido  muy responsables  para  participar en estos actos cívicos para robustecer y avanzar en el proceso de consolidación democrática y constitucional. Ello fue demostrado a comienzos de los años 80 y ratificado en la década pasada, sin embargo de los múltiples factores de desencanto o incertidumbre del pueblo que eligió a sus dirigentes.

 Si esa ha sido la actitud madura de los electores, ¿cuál es el comportamiento y la evolución de los elegidos? Como ayer, vacíos en su discurso, los políticos apelan  a las reacciones espontáneas  antes que  a la razón,son incapaces para comprender los cambios que traen los tiempos  y  apenas han logrado arroparse en trajes nuevos   sobre  viejos cuerpos.

 Ineptos para comprender al pueblo, apelan a él sólo en  tiempo de elecciones. Hoy mismo se rompen las vestiduras proclamando su incondicional apoyo a sus aspiraciones y necesidades, cuando hace poco los crucificaron con leyes e impuestos que han agudizado más su pobreza y   miseria.

 Figuras que fugaron de viejos partidos para arrimarse a otros, hoy vuelven sin importarles su conducta porque, como antes, puede más la conducta  fatua y vanidosa, antes que los principios ideológicos y doctrinarios.

 Otros reviven tras estar en la sombra pero poco cambiados; eso sí más ambiciosos y convencidos de que su carta de triunfo esencial es la  confianza   que tienen  en la increíble conducta  popular que todo perdona y olvida.

 Conservadores o azules, verdes o amarillos, rojo-negro-amarillos, agrupados en un abanico de colores; enjuiciados por corrupción;  excéntricos o locos, hipócritas, revolucionario y ultra revolucionarios quieren el voto  sobre la base de las improvisaciones,  ofertas inconsistentes y  falsas promesas sin futuro.

 Hoy como ayer “sacrifican todo” por los intereses superiores de la nación, de la cual se olvidan tras las elecciones. En esa carrera, tampoco importa destruir partidos o la ética y la moral de los adversarios.No  conocen  o mejor dicho  ignoran que su misión   histórica es   .  fortalecer   más la cultura política del pueblo, cuya semilla esta en la práctica democrática de elegir y ser elegidos. En la otra orilla,  iniciativas en este sentido   chocan con los falsos cálculos y con el miedo que escrutan los viejos esquemas que se aferran a la incapacidad y a la falta de liderazgo político del que carece el país en esta hora de crisis y de urgentes evoluciones.

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